Precios
¿Cuánto cuesta una aplicación a medida?
¿Cuánto cuesta una aplicación a medida? Depende sobre todo de su alcance, y nadie serio puede darte una cifra sin conocerlo. Aquí tienes de qué depende el precio, cómo comparar presupuestos y qué costes aparecen después de la entrega.
Cuánto cuesta una aplicación a medida: la respuesta corta
Una aplicación a medida no tiene precio de catálogo: cuesta las horas que lleva diseñarla, construirla, probarla y ponerla en marcha, y esas horas dependen casi por completo del alcance. Una herramienta interna con unas pocas pantallas y un solo tipo de usuario no se parece en nada, ni en trabajo ni en precio, a una plataforma con clientes, permisos, pagos, conexión con tu ERP e inteligencia artificial. Por eso, quien te da una cifra sin haber visto cómo trabajas está adivinando.
Lo que sí puedes saber antes de pedir presupuesto es qué mueve el precio: sobre todo, el número de funciones y pantallas, los tipos de usuario con permisos distintos, las integraciones con otros programas y la migración de datos. Con eso, más lo que debe incluir un presupuesto serio y los costes que llegan después, podrás comparar ofertas con criterio. Y la forma más eficaz de abaratar es empezar por una primera versión con lo imprescindible.
De qué depende el precio de un software a medida
El precio de cualquier desarrollo sale de multiplicar horas por tarifa. La tarifa cambia de un proveedor a otro; las horas las marca lo que hay que construir. Estos son los factores que más influyen:
| Factor | Lo encarece | Lo mantiene contenido |
|---|---|---|
| Funciones y pantallas | Muchas pantallas, flujos con excepciones, cálculos propios | Una primera versión con las tareas imprescindibles |
| Usuarios y permisos | Varios perfiles, datos que cada uno puede o no ver, aprobaciones | Uno o dos perfiles con permisos sencillos |
| Integraciones | Programas sin API, sincronización en los dos sentidos, tiempo real | Programas con API documentada, datos que viajan en un solo sentido |
| Migración de datos | Datos repartidos en varios Excel, duplicados, formatos distintos | Una exportación limpia de un solo programa |
| Inteligencia artificial | Documentos muy variados, decisiones con consecuencias, mucha validación | Tareas acotadas con revisión humana |
| Diseño y plataforma | Diseño de marca desde cero, apps nativas para iOS y Android | Interfaz limpia con componentes estándar, aplicación web adaptada al móvil |
| Documentos y normativa | PDFs con formato exacto, facturación, datos sensibles | Exportaciones sencillas, datos no sensibles |
| Uso y soporte | Mucho volumen, disponibilidad crítica, soporte en horario amplio | Un servidor modesto y mantenimiento ajustado al uso |
Alcance: funciones y pantallas
Es el factor que más pesa, y no se mide solo en pantallas, sino en lo que pasa en cada una. Un listado de clientes con buscador es poco trabajo; una ficha que calcula precios según tarifas, descuentos y condiciones de cada cliente es bastante más. Lo que multiplica las horas son las excepciones («normalmente es así, salvo cuando…»): cada regla hay que programarla y, sobre todo, probarla.
Tipos de usuario, roles y permisos
Si todo tu equipo usa la aplicación con los mismos permisos, es sencillo. Cada perfil nuevo añade trabajo: el comercial ve sus clientes pero no los de otros, el responsable aprueba, el cliente externo entra a un portal y solo ve lo suyo. En cada punto hay que controlar quién puede ver, crear, modificar o borrar, y registrar quién ha hecho qué. Si la aplicación se abre a clientes o proveedores, la seguridad pasa a primer plano, y eso se nota en el presupuesto.
Integraciones con otros programas
Conectar con tu ERP, tu tienda online o tu correo es de lo que más valor aporta y de lo más difícil de estimar. Si el otro programa tiene una API bien documentada, la conexión es predecible; si no, hay que buscar otras vías (ficheros, su base de datos, el correo) y el esfuerzo sube. Por eso conviene estudiarlo antes de cerrar el precio, como hacemos en los proyectos de integración de sistemas y APIs.
Y conectar no es solo pasar datos. En el sistema que diseñamos para un mayorista hortofrutícola, que lee su buzón de pedidos, albaranes y facturas y los registra en su programa de gestión, antes de registrar nada se comprueba que el cliente existe, que los artículos cuadran con su catálogo y que cada albarán coincide con su pedido. Esas comprobaciones son alcance, y un presupuesto serio las contempla.
Migración de datos
Los datos de tu programa actual o de tus hojas de cálculo tienen que pasar a la aplicación nueva. Parece un trámite y a menudo no lo es: clientes duplicados, columnas que cada persona rellena a su manera, históricos incompletos. Una exportación limpia de un solo programa se migra rápido; diez Excel con años de parches obligan a limpiar, decidir qué se conserva y validar el resultado contigo. Pregunta siempre si la migración está incluida y con qué datos.
Inteligencia artificial
Añadir IA (leer documentos, clasificar correos, redactar borradores) ya no exige entrenar modelos propios, pero tampoco es gratis: hay que preparar las instrucciones, probar con casos reales, validar lo que devuelve el modelo y decidir qué pasa cuando se equivoca. En la plataforma que hemos desarrollado para el sector de la prevención de riesgos laborales, que genera cursos con IA a partir de evaluaciones de riesgos, tan importante como la generación es que el técnico pueda revisar y editar el curso y exportarlo a Word, PDF o SCORM: cada una de esas piezas es alcance. Y su uso tiene un coste mensual, del que hablamos más abajo.
Diseño
Una herramienta interna funciona perfectamente con una interfaz limpia hecha con componentes estándar; un producto que vas a vender o un portal para clientes quizá merezca un diseño propio. Y una aplicación web adaptada al móvil se hace una vez y funciona en cualquier dispositivo, mientras que dos apps nativas para iOS y Android son bastante más trabajo. Para la mayoría de usos internos, la web basta.
Cambios de alcance
Es la causa más habitual de que un proyecto se encarezca: a mitad del desarrollo surge «ya que estamos, que también haga…», y cada añadido cuesta horas, sobre todo si toca algo ya construido. Cambiar de idea es normal, pero conviene que cada cambio se valore por escrito antes de hacerlo, para decidir con el coste delante.
Precio cerrado, por horas o cuota: cómo se contrata
Cada forma de contratar reparte el riesgo de manera distinta:
- Precio cerrado. Se acuerda un alcance detallado y un precio fijo. Sabes cuánto vas a pagar y, si el trabajo lleva más horas, las asume el proveedor. A cambio, exige definir bien qué se construye; lo que quede fuera se presupuesta aparte.
- Por horas. Pagas el tiempo que se dedica. Da flexibilidad cuando el alcance no está claro o va a cambiar mucho, pero el coste final es incierto. Si lo eliges, pide estimaciones por tarea, un tope mensual e informes de horas.
- Cuota mensual. Encaja con el mantenimiento y la evolución continua: una cantidad al mes que cubre servidores, actualizaciones, corrección de errores y, según lo pactado, horas de mejoras.
En la práctica, la combinación suele funcionar bien: precio cerrado para una primera versión bien definida y cuota para mantenerla y mejorarla después. Es como trabajamos en el desarrollo de aplicaciones a medida: alcance y presupuesto por escrito antes de empezar, y el mantenimiento como cuota mensual si lo necesitas.
Cómo comparar presupuestos de desarrollo de una aplicación web
Dos presupuestos para «la misma aplicación» pueden diferir mucho porque, en realidad, no describen la misma aplicación. Antes de mirar el total, comprueba que el presupuesto incluye por escrito:
- Alcance detallado: la lista de funciones, pantallas y tipos de usuario, con lo que hace cada uno.
- Lo que no incluye, dicho expresamente. Suele ser más revelador que lo que incluye.
- Integraciones y supuestos: con qué programas se conecta y qué se da por hecho (por ejemplo, que tu ERP tiene API).
- Migración de datos: si está incluida, qué datos y desde dónde.
- Plazos, entregas intermedias, pruebas y puesta en marcha.
- Garantía: durante cuánto tiempo se corrigen sin coste los errores de lo entregado.
- Costes de terceros: servidores, licencias y APIs de IA, y quién los paga.
- Mantenimiento: qué cubre y cuánto cuesta, aunque se contrate aparte.
- Propiedad del código y de los datos, y acceso a ambos si algún día cambias de proveedor.
- Cómo se gestionan los cambios y cuáles son las condiciones de pago.
Ojo con la propiedad del código. La Ley de Propiedad Intelectual exige que toda cesión de derechos se formalice por escrito (art. 45) y, si el contrato no concreta qué modalidades de explotación se ceden, limita la cesión a lo indispensable para cumplir su finalidad (art. 43). Dicho de otro modo: si no está escrito, podrías tener derecho a usar la aplicación sin que quede claro que puedas modificarla o llevarla a otro proveedor. Pide que el contrato lo diga expresamente y, si el proyecto es importante, que lo revise tu abogado.
Señales de alarma en un presupuesto
- Te dan un precio cerrado sin haber preguntado cómo trabajas ni haber visto tus documentos o tus programas.
- El presupuesto cabe en una línea: «Desarrollo de aplicación de gestión».
- No aparece nada sobre mantenimiento, servidores ni costes posteriores.
- Todo se entrega al final, sin versiones intermedias que puedas probar.
- Se pide el pago completo por adelantado.
- No queda claro de quién es el código ni si tendrás acceso a él y a los servidores.
- Un precio muy por debajo del resto sin explicación: suele significar que se ha entendido otro alcance.
Compara los presupuestos línea a línea contra tu lista de necesidades, no por el total: lo que uno da por incluido, otro puede cobrarlo aparte.
Costes que se olvidan: mantenimiento, servidores y APIs de IA
El desarrollo es solo una parte de lo que cuesta tener una aplicación. Estos son los costes que más se olvidan al hacer números:
- Mantenimiento. El software necesita actualizaciones de seguridad, las librerías sobre las que está construido evolucionan y los programas con los que se conecta cambian sus APIs. Sin mantenimiento, una aplicación que hoy funciona se va degradando.
- Servidores y servicios. Alojamiento, dominio, copias de seguridad, envío de correos automáticos, almacenamiento de archivos. Suelen ser costes mensuales modestos, pero existen y crecen con el uso.
- APIs de inteligencia artificial. Se pagan por uso: tanto Anthropic (Claude) como OpenAI publican los precios de su API por millón de tokens (fragmentos de texto) de entrada y de salida. El gasto mensual depende del volumen de documentos o conversaciones y del modelo elegido, así que conviene estimarlo con tus datos reales y fijar límites de gasto.
- Licencias y servicios de terceros. Firma electrónica, envío de SMS, mapas, una pasarela de pago que cobra por operación… Cada pieza externa tiene su tarifa.
- Adaptaciones normativas. Si tu aplicación emite facturas, tiene que cumplir los requisitos de los sistemas informáticos de facturación que fija el Real Decreto 1007/2023. Lo explicamos en qué implica Verifactu si tu software es a medida.
- El tiempo de tu equipo. Reuniones, pruebas, revisión de los datos migrados y formación. No sale en la factura, pero es real, y un proyecto sin nadie de tu lado para validarlo se alarga.
Pide que te separen el desarrollo del coste recurrente previsto: así podrás comparar a varios años con la alternativa, que a menudo es seguir pagando licencias de un programa del mercado. Si dudas entre las dos opciones, lo analizamos en software a medida o software estándar: cuál te conviene.
Cómo abaratar una aplicación a medida sin hacer una chapuza
Recortar el presupuesto no consiste en pedir lo mismo más barato, sino en construir menos y mejor elegido:
- Empieza por una primera versión con lo imprescindible. Haz tres listas: lo que, si falta, hace que la aplicación no sirva; lo que sería importante; y lo que estaría bien. Construye la primera y úsala. El uso real te dirá qué hace falta de las otras dos, y a menudo es menos de lo que parecía.
- Reutiliza lo que ya funciona. No hace falta reinventar el inicio de sesión, los pagos ni el envío de correos: hay piezas probadas para eso. Y si tu programa de gestión cumple, conéctalo en lugar de sustituirlo y construye solo lo que falta.
- Automatiza antes de programar cuando baste. Algunas necesidades se resuelven con un flujo en una herramienta de automatización sobre tus programas actuales, sin una aplicación nueva. Comparamos las más usadas en n8n, Make o Zapier.
- Prepara bien la información: documentos de ejemplo, el proceso paso a paso con sus excepciones y datos limpios. Cada duda resuelta al principio es trabajo que no se rehace.
- Nombra a una persona que decida. Un interlocutor con criterio y tiempo evita idas y venidas que también se pagan.
Donde no conviene recortar es en las pruebas, las copias de seguridad y la seguridad. Lo que se ahorra ahí se paga después, y con intereses.
Cómo preparamos nosotros un presupuesto
Para que puedas compararlo con otras propuestas, este es nuestro proceso:
- Diagnóstico. Vemos qué quieres resolver y cómo trabajáis hoy. Si un programa del mercado o una automatización sencilla lo resuelve, te lo decimos.
- Alcance por escrito. Qué se construye en la primera versión, qué queda fuera, con qué se integra y qué damos por supuesto.
- Presupuesto por escrito, con el desarrollo separado de los costes recurrentes previstos: servidor, uso de IA y mantenimiento.
- Entregas desde la primera semana, para que veas avances reales y puedas corregir el rumbo pronto.
- Puesta en marcha con casos reales y, si lo quieres, mantenimiento como cuota mensual.
Antes de hablar con cualquier proveedor, prepara cinco respuestas: qué problema quieres resolver, quién usará la aplicación, con qué programas tiene que hablar, qué datos hay que traer y qué es imprescindible en la primera versión. Con eso, cualquier presupuesto será más preciso y fácil de comparar. Si quieres, nos las cuentas y te decimos qué alcance tendría sentido.